El Libro
Posted by Laxman Publicity and Publishers LLC on 31/08/2011Desde los Estados Unidos, de la mano de Laxman Publicity & Publishers nos llega este hermoso libro del autor de Súbete a Una Nube e Historias de Un Viejo Olmo:
“Quiero felicitarte, porque se trata de una obra, permeada de una especial atmósfera, que lleva el lector de manera imperceptible a sentirse partícipe de lo que lee.
Por mi parte, diria que se trata de una obra de fina poesia, trasladada en prosa, sin perder, por eso, su altitud ( como bien aparece en la descripción de los sentimientos de las personas, la “pintura” de los paisajes, el ambiente humano y social donde se desarrollan los hechos, etc.).
Ahora, quedo a la espera del segundo volumen….
He visto que has dejado todo, para dedicarte enteramente a los “niños de la calle”… que el Señor te recompense con abundancia por lo que estás haciendo en favor de los que son los últimos”…
Un abrazo
Mons. Giacomo Guido Ottonello, Nuncio Apostólico en el Ecuador.
FRAGMENTO DE EN EL OJO DEL HURACÁN
– Ser Rey es un oficio cruel molinera, viendo el dolor que te causé llevando a tu esposo a la guerra, hubiera deseado mil veces morir por él y por tantos que me siguieron. No te servirá de consuelo si te digo que en cada lance del combate siempre fui el primero. Esa es la soledad a la que me condenó mi cargo, un rey siempre está sólo, toma sus decisiones y enfrenta el destino con la esperanza de que aquello que ha decidido sea lo mejor para su pueblo. Nos vemos obligados a pensar en colectivos, en reinos, en poblados y no en simples hombres honrados que soñaban con mirar, en los ojos profundos como el mar, y enamorados de sus esposas, el futuro ilusionado de un hogar. Parece que los dioses dispusieron a la mujer para el amor y al hombre cruel para la guerra, y en esta suerte perra me lamento, porque vos podéis amar y sentir lo que yo no siento siendo Rey, y no podré alcanzar ni en sueños; cambiaría todo mi reino si pudiera por la paz de un beso vuestro. Dejadme que de rodillas ante vos me postre y pidiendo perdón aquí, todas las viudas que por mi causa fueron me perdonen. Alíviame tú molinera de esta carga, mira que no es ya un rey quien os suplica sino un atormentado hombre.Habiendo hablado así el grandioso Rey Lahore puso su rodilla en tierra ante Malvarrosa, una simple molinera y los semidioses, conmovidos por su arrojo, derramaron sobre él una lluvia incesante de flores que sólo yo Sios, cronista akásico de esta historia pude ver.
Malvarrosa viendo los ojos rojos del monarca de rodillas ante ella tomó de su pelo negro el ramillete de hibisco con el que a diario adornaba su melena. Se lo ofreció al monarca diciéndole:
– Alzaos buen rey, no pongáis vuestra rodilla en tierra ante mí, porque la fuerza de tu ley no puede verse doblegada por tus emociones. Si tal sucediera todos nosotros estaríamos perdidos y pereceríamos. Nuestra vida es trágico suspiro, mas que vivir majestad, fulguramos un mágico momento como el relámpago que ilumina con fugacidad la oscura habitación donde se adivinan los objetos. Su luz penetra por la ventana y en ese prolapso claro, que se cierne sobre ella, muestra brevemente cuanto es de apetencia a nuestra mente. Allí están los enseres, los trajes de fino hilo y las vajillas con los ricos muebles que las contienen. Se ven lechos de encajes y sedas cubiertos, o pesebres para pobres desnutridos y harapientos. Adquieren fugaz lustre nuevamente los polvorientos títulos y el mapa de una nación cuya efímera geografía se dibujó con sangre y que de sus paredes cuelgan, y nos muestra desabrida la ballesta de nuestros sentidos que es fuerte y dura al disparar, de manera tal que da coz o golpe al tirador. Vemos el amor y el desamor tiñendo de odio las paredes, alfombras de tapiz cruel sobre las que la codicia se revuelca con la lujuria, el oro y oropel que ostenta gran vanidad y fausto, sin tener posibles para ello. Luego el relámpago cesa y el prolapso de luz convertido en prolepsis de la muerte se retira con sus truenos a otra parte, y queda la casa de la vida a oscuras nuevamente hasta la próxima tormenta. Tomad este hibisco que es flor de un día como vuestro reinado, mas no así los ejemplos de los grandes guerreros que como él, mi galán de medianoche que reposa entre un suspiro y mis cuidados, o como vos gran Rey Lahore, servirán de guía a los hombres en sus tormentas a través de las leyendas que sobre vosotros se escriban. Si en algo puede aliviar vuestro dolor esta humilde molinera, alzaos buen rey con mi perdón y preparad la siguiente guerra en busca de la paz para el pueblo que de vos y vuestra fuerza se alimenta. Dejadme el efímero consuelo de mi galán de medianoche por cuyas heridas hoy parece morir él, mas estando ahora a mis cuidados sanará, y habré de morir yo mañana entonces con su partida, porque dos se me antojan ya demasiadas despedidas para aquellos que no debieron amarse con locura más de una sola noche.
Malvarrosa puso el hibisco sobre la mano del rey quien la besara con gran suavidad como temiendo que el suave talco de la harina que la cubriría perennemente se quebrara. Ella se encamina entonces al lecho donde Suriadev reposa para cambiarle los paños perfumados de hierbas aromáticas que cubren su frente, llevando fresco alivio en mitad de la fiebre que el veneno que queda aún en su cuerpo le provoca. Los semidioses puestos en pie derramaron sus flores celestiales sobre ellos y se sintieron inmensamente afortunados por haber presenciado el encuentro entre el Rey Lahore y la molinera Malvarrosa.


